Muy buenos días Naftërs!

Hace unos meses, enviamos la siguiente carta al periódico «El País», a día de hoy (Qué raro!) no ha sido publicada. Resume de forma muy sencilla los motivos de que caigamos tan mal a las grandes cadenas de hidrocarburos:

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El domingo 8 de febrero El País publica un artículo bajo el título “Cuatro comunidades prohíben las gasolineras que no tienen personal”.

En él, el autor califica de fantasmas estaciones de servicio automáticas que, entre otras cosas, permiten que pueblos alejados de las grandes urbes estén abastecidos de combustible aunque no cuestiona por qué ocurre este fenómeno.

Con el fin de arrojar un poco de luz a los lectores, hago unos breves números para explicar cuál, a mi entender, es realmente el motivo del malestar del sector tradicional que transmite el citado artículo, con el fin de que conozcan las motivaciones reales que subyacen bajo esta continua batería de noticias que buscan ahogar una iniciativa perfectamente lícita y de la que el consumidor es el principal favorecido:

En España se venden alrededor de unos 26 millones de toneladas de carburante al año, lo que puede suponer unos 30 millones de metros cúbicos. En España hay unas 10.500 gasolineras de las que el 5% son automáticas.

Los márgenes brutos con los que opera una gasolinera tradicional son alrededor (por hacer unos números aproximados) de 25 c€/litro o, lo que es lo mismo, 250 €/metro cúbico. Es decir, si todas las gasolineras fueran tradicionales, el margen bruto anual de la venta de combustibles en España sería de 7.500 millones de euros. Al emerger esta nueva modalidad de venta al público, las gasolineras tradicionales pierden el 5% de ese margen bruto, es decir 375 millones de euros. ¿Dónde se va esa suma? Pues bien, por hacer unos números sencillos, 200 millones al bolsillo de los consumidores, que compran más barato, y 175 a las empresas emergentes que arrancan en el negocio con el fin de emprender su particular aventura empresarial.

Es decir, la foto es sencilla y el juego suma cero: las gasolineras tradicionales pierden 375 M€ de sus jugosos márgenes, los consumidores se ahorran 200 M€ y los nuevos empresarios ingresan los 175 M€ restantes. Y eso sólo con un 5% de penetración de las nuevas tecnologías en el sector. ¿Qué números salen si, como ocurre en Dinamarca donde, como aclara el artículo, el 50% son automáticas? Pues que las gasolineras tradicionales perderían 3.750 millones de euros y los consumidores españoles se ahorrarían la nada desdeñable cifra de 2.000 millones de euros.

Es lógico que el “establishment” quiera cortar de raíz esta tendencia incipiente.

Les ruego que no colaboren a ello.

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